El Instituto Nacional de Estadística
(INE) ha dado a conocer días pasados la Encuesta de ocupación hotelera que
arroja, desde luego, resultados muy llamativos que no solo ponen de relieve la
pujanza de la industria turística española sino que acentúan su competitividad
y avanzan por esa línea que hace pensar en cuáles serían las consecuencias en
caso de que el éxito termine produciendo un resultado de cataclismo. No, mejor
no pensarlo.
Y es que los registros son entre
asustantes, mareantes y abrumadores. Este primero, para empezar: nuestro país
pasó de recibir, en un ciclo de seis años, de 2019 a 2025, ochenta y cuatro
millones de viajeros extranjeros a noventa y siete millones. O este segundo:
casi trescientas sesenta y siete millones de pernoctaciones en sus
establecimientos, hecho que significó un nuevo máximo histórico y la superación
del millón de pernoctaciones en la media diaria. El tercer registro es igual de
sobresaliente: en términos absolutos, el sector ha visto un incremento de casi
veinticuatro millones de estancias en comparación con los niveles prepandemia.
El caso es que casi todo ese incremento se explica por los turistas
extranjeros. Según publica Carlos Molina, en el diario El País, en el citado
ciclo temporal, la media de pernoctaciones diarias ha aumentado en sesenta y
cinco mil estancias adicionales. De estas, un 90 % se corresponden con
visitantes extranjeros (58.500) y tan solo el 10 % tuvo como protagonista al
viajero nacional (6.500).
Atención
a la explicación de por qué esta evolución asimétrica entre los viajeros
nacionales y extranjeros y que interesará, seguro, al ámbito empresarial. Según
Molina, especializado en economía y comercio, asistimos a un crecimiento
exponencial de los precios. Entre 2019 y 2025, la tarifa media de la planta
hotelera en España, compuesta por una media de quince mil establecimientos, se
incrementó un 40 %. El precio por noche pasó de 91 euros a 128. El alza ha
tenido un impacto directo en las decisiones del turista nacional, con un poder
adquisitivo inferior al del extranjero, a la hora de contratar un hotel para
sus vacaciones. De hecho, en 2025, las pernoctaciones ligadas a los residentes
bajaron un 0,2 %, hasta los 121,8 millones. Es un nivel similar al registrado
en 2023. Todo lo contrario ha sucedido en el turismo extranjero, en el que las
estancias alcanzaron un máximo histórico de 245 millones, con un avance anual
del 1,6 %.
El
aumento de precios se tradujo, a su vez, en un incremento del beneficio por
habitación disponible (conocido en la jerga del sector como revpar, por sus
siglas en inglés). Este indicador, el principal que usa la industria hotelera
para medir su rentabilidad, creció un 6,3 % en 2025 hasta situarse en 89,7
euros. Esta cifra representa un aumento del 47 % respecto a los niveles
prepandemia. Y es de nuevo un máximo histórico.
Canarias,
por cierto, según esta encuesta, acapara, junto a Baleares, Catalunya y
Andalucía el 70 % de las pernoctaciones hoteleras en España. Y este otro dato
de Tenerife isla, después de Mallorca: es el territorio que mayor presión
recibe como consecuencia de la presión hotelera, con 26, 2 millones de
turistas, un 86,2 % foráneos. Efervescencia, sí; pero…